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¿Será la fuerza del corazón?: padres son clave en el cuidado de la salud cardiovascular de niños y niñas

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En los últimos años, producto de la pandemia de Covid-19, muchas personas disminuyeron su actividad física y se alimentaron de forma deficiente producto del confinamiento, prefiriendo comidas con alto poder calórico y grasas saturadas. Estas conductas también se replicaron en los menores de edad, una mala costumbre que caló profundo en la Región de Coquimbo, que este año, registró el mayor índice de obesidad infantil en toda la zona norte.

La alteración en el peso y exámenes sanguíneos, son algunas de las consecuencias de estos desórdenes en los hábitos, algo que tiene en alerta a los especialistas, ya que niños y niñas podrían estar en riesgo cardiovascular.

“Un porcentaje no menor de las patologías emergentes en este grupo etario está dado por trastornos metabólicos derivados de la obesidad. Cuando presentan desórdenes en sus rutinas diarias de comidas y ejercicio, esto se ve reflejado en un aumento sostenido en el peso, que sobrepasa el percentil 90 para su edad, y también en alteraciones en los niveles de colesterol, triglicéridos y glicemia, lo que entrega una alerta en relación al riesgo que pueden estar presentando. La aparición de hipertensión arterial, arritmias y ateroesclerosis en la población infantil es cada vez más frecuente, por eso la prevención debe estar focalizada en los hábitos y estilos de vida saludable para evitar la obesidad y sus consecuencias”, explica el doctor Andrés Cifuentes, referente del Programa de Salud Cardiovascular del Servicio de Salud Coquimbo.

En tanto, la doctora Carolina Rojas, médico pediatra del Hospital de Coquimbo, declaró que efectivamente cada día se ven más menores con este tipo de patologías. “Tenemos un aumento de enfermedades cardiovasculares en niños que no nacieron con esa patología, sino que son escolares de 6 o 7 años que tienen hipertensión e incluso algunos más grandes con diabetes, no la de tipo 1, sino que son producto netamente de la obesidad y de los malos hábitos de vida”.

¿CÓMO SÉ SI EL CORAZÓN DE MI HIJO ESTÁ EN RIESGO CARDIOVASCULAR?

Entre los síntomas más comunes por los que un niño o niña requiere asistir a una consulta cardiológica, se encuentran los cambios significativos en la capacidad física, como cansancio o sensación de falta de aire, aspectos que se hacen notorios en pequeños esfuerzos que antes no representaban ningún problema. Otros signos por considerar son la aparición de alguna molestia o dolor, por ejemplo, en el lado izquierdo del pecho, el que puede aparecer con esfuerzos físicos intensos, y la presencia de una respiración rápida.

Es importante destacar que muchas veces los niños no presentan síntomas evidentes de una patología cardiaca, por lo que su detección solo se logra a través de los controles periódicos en centros de salud, instancia que requiere del compromiso y dedicación de padres y/o cuidadores.

“Los buenos hábitos alimenticios deben cultivarse en familia, por lo que si hay padres que tienen conductas poco saludables, es el grupo familiar el que debe ser intervenido. Nuestro sistema público de salud está comprometido en ayudar a las familias que quieren hacer un cambio, por ejemplo, a través del programa Elige Vida Sana, disponible para todas las personas entre 6 meses y 64 años, con sobrepeso u obesidad, que se encuentran inscritas en FONASA y no presenten enfermedades crónicas no transmisibles. Todos podrán acceder a una evaluación nutricional, física y psicológica totalmente gratuita, solo deben inscribirse directamente en los distintos centros de salud de la región. Además, existen estrategias locales en los establecimientos como actividad física para niños, niñas y adolescentes, entre otras prestaciones relacionadas con esta esfera”, agrega el especialista del Servicio de Salud Coquimbo.

¿QUÉ CAMBIOS IMPLEMENTAR PARA CUIDAR EL CORAZÓN DE LOS NIÑOS?

Que agosto sea el mes del corazón, es la oportunidad ideal para que las familias revisen sus acciones diarias y puedan evaluar cómo están cuidándose día a día, más aún cuando cada decisión puede tener consecuencias a futuro e incluso, afectar directamente la salud de sus hijos.

“Muchas veces cuesta hacer cambios porque es la familia la que tiene malos hábitos de vida saludable. A los niños que tratamos con obesidad no les dejamos una dieta, sino que queremos que se acostumbren a comer sano. Otro de los consejos importantes es realizar más ejercicio, ya que somos una población súper sedentaria, entonces hay que buscar la forma de moverse más, quizás salir a caminar o estacionarse un poco más lejos del colegio, utilizar escaleras en lugar del ascensor y que estas medidas sean adoptadas no solo por el niño o niña, sino que por toda la familia”, recomienda la pediatra del recinto porteño.

En esto también coincide Susana Rivera, enfermera supervisora de la Unidad de Paciente Crítico Coronario del Hospital de La Serena, quien señala que el compromiso con la prevención debe ser de todo el núcleo familiar, porque los niños imitan lo que hacen sus integrantes.

“La alimentación es fundamental, el estilo de vida saludable implica mayor actividad física y mayor consumo de alimentos saludables. Sería ideal que consumieran productos integrales como semillas o frutos secos, en lugar de productos muy procesados o harinas blancas, que son altamente adictivos y con muchas grasas saturadas. Hay que hacer un cambio de estilo de vida familiar si queremos tener niños sanos (…). Tratar de consumir al menos una de las principales comidas del día todos juntos, para así vigilar lo que se come, junto con repartir la comida, evitar platos muy abundantes y limitar las repeticiones, ya que a veces los niños se sirven dos o tres veces lo que les gusta y así vamos fabricando la obesidad. Finalmente, recalcar la actividad física, el salir como familia, practicar deporte o simplemente caminar, eso ya es saludable.”, finaliza la profesional.

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